El coeficiente intelectual (CI) suele llevarse los méritos del éxito, especialmente en campos como ciencia, innovación y tecnología. Pero la verdad es que algunos de los mayores logros de nuestra especie se basan principalmente en cualidades como creatividad, imaginación, curiosidad y empatía, incrustados en lo que los científicos llaman “flexibilidad cognitiva”.

Se trata de la habilidad que nos permite cambiar entre diferentes conceptos o adaptar el comportamiento para lograr metas en un entorno nuevo o cambiante, afirman en una nota en la BBC Barbara Jacquelyn Sahakian Chrsitelle Langley y Victoria Leong, neurocíentificas de la Universidad de Cambridge. “Básicamente -resaltan-, se trata de aprender a aprender y ser flexible en la forma de aprender”.

“Ante un obstáculo que dificulta un plan, algunas personas se apegan a él. Pero las personas más flexibles se adaptan y resuelven problemas para encontrar una solución”, señalan y afirman que esa flexibilidad cognitiva puede haber ayudado en la forma en que las personas se enfrentaron a los bloqueos pandémicos, que produjeron nuevos desafíos en torno, por ejemplo, al trabajo y la educación.

Enormes ventajas

Sucede que el pensamiento flexible es clave: permite nuevas ideas y nuevas conexiones entre ellas, además de nuevos inventos. También apoya habilidades académicas y laborales, y la resolución de problemas, resaltan, y explican que, a diferencia de la memoria de trabajo, cuánto podés recordar en un momento dado es -en gran medida- independiente del CI.

“Por ejemplo, algunos artistas visuales pueden tener una inteligencia media, pero son muy creativos y han producido obras maestras -resaltan-; la creatividad también es importante en la ciencia y la innovación, y emprendedores que han creado varias empresas son cognitivamente más flexibles que los gerentes de edad y CI similares.

Otra forma de inteligencia

La flexibilidad cognitiva hace que las personas sean inteligentes de un modo que no siempre se captura en pruebas de CI.

Por ejemplo, en los niños conduce a mejor capacidad de lectura y mejor rendimiento escolar. Y también se asocia a mayor resistencia a eventos negativos y a mejor calidad de vida en personas mayores.

Incluso puede ser beneficioso en la cognición emocional y social: varios estudios demuestran que la flexibilidad cognitiva tiene fuerte vínculo con la capacidad de comprender las emociones, los pensamientos y las intenciones de los demás.

Lo opuesto es la rigidez cognitiva, presentes en trastornos como trastorno obsesivo compulsivo, trastorno depresivo mayor y TEA.

Y la buena noticia es que se puede entrenar la flexibilidad cognitiva. “A medida que salgamos de la pandemia, necesitaremos asegurarnos de que las personas aprendan a ser cognitivamente flexibles Esto les dará mayor resiliencia y bienestar. Y puede ayudar a maximizar el potencial de las personas para crear ideas innovadoras e invenciones creativas. En última instancia, son esas cualidades las que necesitamos para resolver los grandes desafíos de hoy”, resaltan,